
Un equipo de investigadores en Suecia ha desarrollado una revolucionaria batería estructural que podría transformar el futuro del transporte y la electrónica. Hecha de fibra de carbono, esta batería no solo almacena energía, sino que también funciona como parte de la estructura del dispositivo, abriendo un mundo de posibilidades.
A diferencia de una batería convencional, que es un componente pesado que se añade a un dispositivo, una batería estructural es el dispositivo. El equipo de la Universidad Tecnológica de Chalmers ha creado una batería de fibra de carbono tan rígida como el aluminio, pero con la densidad energética suficiente para su uso comercial.
Richa Chaudhary, coautora del estudio, lo explica así: la batería puede soportar cargas estructurales, cumpliendo una doble función similar a la de un esqueleto humano, que da soporte y a la vez contiene la médula ósea.
Las propiedades únicas de esta tecnología permiten su uso en una amplia variedad de campos. Las aplicaciones más prometedoras incluyen:
Uno de los mayores obstáculos para los aviones eléctricos es que las baterías actuales son, en promedio, 40 veces más pesadas que el combustible de aviación. Si bien la batería estructural soluciona el problema del peso, los críticos señalan un nuevo desafío: la dificultad para reemplazar una batería que está integrada en la propia estructura del avión.
El equipo de Chalmers ha mejorado consistentemente su tecnología. En 2021, su primer prototipo alcanzó una densidad energética de 24 vatios-hora por kilogramo (Wh/kg). La última versión ya llega a los 30 Wh/kg, duplicando sus propiedades multifuncionales.
Esta innovación promete revolucionar múltiples industrias, ofreciendo soluciones más ligeras, eficientes y sostenibles para un futuro electrificado.